Crisis cíclicas de cuerpos en conflicto, del tipo “Quiero despertarme temprano - Me encanta dormir”.
Dualidades que se enfrentan y esta vez no se complementan.
Cada uno, dos o seis meses: querer dejar todo. Cada tres meses: quedarse y construir. Cambiar: por puro deporte, por placer de cambiar, por ansiedad de sentir y ver qué viene, porque sí y punto.
Crisis afectivas en cuerpos disponibles, reconocerse en cada paso que se da. Reconocer cada pie.
Encuentros con cuerpos (de ambos tipos) que también buscan y tienen motivaciones.
Cuerpos disponibles que cada uno, dos o seis meses tienen deseos de llenarse de información corporal, auditiva, sensorial.
Viven entre preguntas que los hacen oscilar entre un lugar, un aroma, un sabor. Ida y vuelta a varias dimensiones, en distintas direcciones (no tan fácil de explicar como lo es el funcionamiento de un yo-yo).
Hay felicidad en cada estadío: un café con leche, una sonrisa, una canción.