Me gusta mirarme en los espejos que encuentro en la calle
Una mea-corroboración de que todo está en orden
Los ojos siguen estando arriba y hacia el frente
El corazón adentro, escondido, por las dudas.
No vaya a ser cosa que cualquiera lo use o se ría.
El pelo de colores a propósito para hacerme reír a mi
La boca inversamente proporcional a lo que digo
Todo organizado y puesto al servicio.
Organizado y puesto a la estética.
Organizado y puesto al díaadía.
Y de lo que miro cuando paso por los espejos de la calle,
me quedo con una sensación,
como si eso que vi no fuera yo,
como si eso que vi apenas me reflejara.
Un poco de "creerse ser", un anillo que indica, un guiño que afirma.
Así se consolida esa idea, inquieta, de una identidad fijada,
prearmada, estructurada.
Esa solidez me muestra el espejo de la calle.
Y a la vez, me saca una sonrisa pensar que
todo ese concepto cuadrado y rígido
se caerá a pedazos al verme
en el siguiente espejo que encuentre en la calle.