Dije:
-¿Cuál es el peor de todos los males,
el que desgarra las entrañas,
que no aparenta,
que busca en la memoria los recuerdos más dolorosos,
los sabores más amargos
y los trae al presente;
que manifiesta la existencia del corazón y del estómago,
que da vida a angustias,
que exhibe la pura e increíble realidad,
sensibiliza al mundo,
une corazones rotos,
busca sólo la pena y el sollozo,
acaba por retorcer la conciencia y
desarma ilusiones?
Miró la ventana, tomó un sorbo de café.
-El mal de amores-, respondió.
Agarró sus cosas, se levantó y se fue.
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